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Los loteros se niegan a desaparecer

“Comencé vendiendo lotería a los 15 años, por el papá de mis hijos, porque se enfermó y se acabó la plata, y me tocó salir a trabajar para pagar arriendo y comida”; así lo recuerda Ana Mercedes Rodríguez, lotera desde hace 50 años.
En Medellín, una compañera le enseñó cómo vender en el centro, donde transcurrieron sus días hasta cumplir los 18 años, cuando decidió buscar un nuevo rumbo y Cali le abrió las puertas. 
A sus 65 años, llega todas las mañanas al almacén La 14 de la avenida sexta, en busca del ingreso diario. “En los años 70 y 80, la lotería estaba en su mejor momento, todo el mundo compraba, se vendía mucho”, relató.
El Chance se venden en cubículos con otras ofertas de servicios
Según la Beneficencia del Valle, en Cali existen 5.000 loteros; sin embargo, muchos de ellos sufren las consecuencias de una disminución en las ventas. “La situación del país no es la mejor, la economía está mal y el gremio lotero está prácticamente acabado”, expresó Ana. 
Después de la consolidación de las loterías llegó el chance, otro juego de azar, que se basa en precios variables a partir de los números que escoge el jugador. La ley primera de 1982, “por la cual se crean nuevas fuentes de financiación para los servicios seccionales de salud a través de la Autorización de un juego de apuestas”, dio vida a las nuevas apuestas. 
Esta ley ordenó al gobierno expedir decretos para su reglamentación y abrió una oferta tan versátil que las loterías empezaron a verse afectadas, al romperse la regla precios y números fijos en el billete.
Aparecieron otros juegos, como el Baloto, que desbancaron a los loteros tradicionales y a los chanceros, cuyas ventas han perdido su atractivo debido a que con la lotería, simultáneamente pueden ir ganando muchas otras personas y el premio se reparte entre los afortunados. 
Muchos clientes se han cambiado a la competencia: “mejor compro Baloto porque sale más barato y voy a ganar más”, argumenta  Daniela Gutiérrez. Pero además, tiene otros atractivos, como lo explica María Troches, vendedora de Baloto: “Se vende mucho porque es más barato y tiene la revancha y el acumulado semanal; si nadie se lo gana, hay más dinero”. 

Ana recuerda con nostalgia tiempos mejores, cuando sus ventas no tenían competencia

Según un reporte de Coljuegos (entidad que controla los juegos de suerte y azar) en 2015, por la venta de loterías, las beneficencias tuvieron ingresos de 48.000 millones de pesos y un 18% fue entregado al sector de la salud. “Todavía se debe hacer un esfuerzo importante en disminuir los costos de administración y operación”, declaró Juan B. Pérez Hidalgo, presidente de Coljuegos .
 
El déficit empezó en 2016, “las ventas vienen hacia atrás y lo que se logra recaudar se divide entre administración, empleados y la salud, hoy nosotros le trabajamos al Estado”, manifestó Ana.  
A pesar de esto, Alfonso Ramírez prefiere continuar con una tradición familiar, “yo compro lotería hace 16 años y nunca he ganado, sigo comprando porque ya soy adicto a la lotería”. 
Por otra parte, otros clientes se sienten desmotivados. Freddy Dorado, es uno de ellos: “Ya no compro lotería porque me cansé de ser marrano, ya no me roban más, la lotería no se la gana nadie”.  
No todo lo que brilla es oro
Muchos quieren obtener el premio mayor de los juegos de azar, pero no todos saben lo que deben pagar y esta es una sorpresa desagradable: del 100%, se descuenta un 35% por impuestos del Estado y retención en la fuente.
Por ejemplo, si se gana el premio mayor de la lotería, el chance o el Baloto, y el monto es de 60.000 millones de pesos, se descontará el 12% por ganancia ocasional, quedando 48.000 millones y deberá pagar el 13% del valor total, en impuestos de riqueza y patrimonio a la DIAN. Entonces, lo ganado sería de $40.200’200.000, es decir, casi 20 mil millones menos que el monto original.
Estrechez con amor
En el declive de su trabajo, Ana Mercedes Rodríguez vive una situación de estrechez económica. A diferencia de hace unas décadas, cuando lo que ganaba le alcanzaba para “salir a pasear, comer algo los domingos y el vestuario”, hoy a duras penas obtiene para “transporte, arriendo y el sustento diario”.
Sin embargo, ella es fiel a su amor por el trabajo que le permitió salir adelante con su familia, “estoy agradecida con la lotería porque he tenido operaciones que me han salvado la vida y que ha pagado el sindicato”.
Mercedes evoca con agrado lo vivido en las calles como vendedora: “recuerdo con gusto el tiempo de abundancia, los aguaceros que terminaban los días de trabajo y cuando llegué a recibir billetes falsos”; ella considera que son gajes del oficio y que, mal que bien, sigue sobreviviendo con su trabajo como lotera.

Ley 1ª de 1982:

Artículo 1º. Autorízase a las Loterías establecidas por la Ley 64 de 1923, a las Loterías de Bogotá y Manizales o a las Beneficencias que las administren, para utilizar los resultados de los premios mayores de los sorteos de todas ellas en juegos de apuestas permanentes con premios en dinero…

 

Artículo 5º. El Gobierno reglamentará el Juego de Apuestas Permanentes con premios en dinero al cual se refiere esta Ley, el cual será uniforme en los Departamentos, el Distrito Especial de Bogotá, y los Territorios Nacionales.

 

Artículo 7º. Los Servicios Seccionales de Salud quedan obligados a invertir un 30% como mínimo, de los ingresos obtenidos por la presente Ley en programas de acueductos y alcantarillados en la comprensión Municipal de las poblaciones que tengan menos de cien mil habitantes.

Fuente: http://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1556298

Johan García

@JkmiFigther